En enero de 2026, los umbrales que marcan la línea de indigencia y pobreza en la Ciudad de Buenos Aires registraron un salto significativo impulsado por el alza de los alimentos, según los datos oficiales difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). En particular, “en enero se disparó un 5,6% la canasta de indigencia”, una variación mensual que supera holgadamente el incremento general de los precios al consumidor y refleja un fuerte impacto en los sectores más vulnerables de la población porteña.
El reporte oficial muestra que esta suba se da en un contexto en el que el costo de los alimentos básicos —medido por la Canasta Básica Alimentaria (CBA)— volvió a acelerar su ritmo de crecimiento, superando en enero el 5,8% mensual, casi el doble de la inflación general del mes. Esto significa que una familia tipo necesitó más de $623.990 para no caer en la indigencia y alrededor de $1.360.299 para no ser considerada pobre, según el INDEC.
La tendencia al alza de los precios de la canasta alimentaria presiona los ingresos familiares y limita la capacidad de consumo de hogares de menores recursos, con efectos directos sobre la inseguridad alimentaria y el bienestar social urbano. Para muchos argentinos, estos incrementos representan la necesidad de contar con ingresos crecientes sólo para cubrir los bienes básicos de subsistencia, una dinámica que, de mantenerse, intensificará la precariedad de amplios sectores de la sociedad. |